Cuando enamorarse demasiado es depender

Cuando enamorarse demasiado es depender

Cuando enamorarse demasiado es depender

«No soy capaz de cortar una relación, aun cuando sé que es totalmente necesario hacerlo y llevo derramadas demasiadas lágrimas”, contaba una adolescente.

Se había enamorada de un chico a los 16 años. La relación había avanzado entre grandes sueños, interminables conversaciones, cortas alegrías y tormentas cada vez más seguidas. “Nunca había llorado tanto como en esta relación”, confesaba más tarde. Con el paso del tiempo, había desarrollado una necesidad desmesurada y una dependencia irracional del otro. “Se sentía adicta a su enamorado”, decía. Y esa adicción le llevaba a querer continuar esa relación a cualquier precio, aunque sufriera lo indecible. Vivía obsesionada con su chico y se humillaba hasta el extremo a cambio de unas palabras de ternura, unas promesas de amor o unas caricias.

En gran número de relaciones se introducen fácilmente mentiras que se convierten en el principal alimento del vínculo emocional. Nos referimos aquí a tres de estas mentiras:

1) Creer que el otro va a cambiar si sigo con él.

La atracción que sienten por el otro impide comprender que si en todo el tiempo que llevan juntos no ha cambiado a pesar de las promesas, lo más seguro es que no cambie jamás. Incluso que la situación empeore y se agrave. Si es grosero posiblemente se haga más atrevido. Si te maltrata psicológicamente, posiblemente llegue al maltrato físico más tarde, si bebía de vez en cuando, es fácil que con el tiempo lo haga con más frecuencia. Por más enamorado que una esté necesita un poco de lucidez para darse cuenta de la realidad y aprender de casos ajenos.

¿Por qué mantenemos esa creencia irracional de que el enamorado o enamorada van a cambiar? Es evidente que no va a dejar de ser como es, por mucho que en momentos de arrepentimiento jure y perjure que cambiará. En realidad la experiencia asegura que las personas no cambian cuando una relación sentimental se ha sellado con un compromiso; es más: en la mayoría de los casos, ese tipo de conductas (violencia física, consumo de alcohol, infidelidad) se suelen agravar. Esas personas no tiene ningún interés en cambiar. Y lo digo con toda claridad: ¡Ninguno!.

2) Pensar que cambiará cuando ya estemos juntos para siempre.

Pensamos que todo el esfuerzo, la lucha y el sufrimiento que hemos vivido para conseguir que él cambie durante el enamoramiento, todo lo que hemos tolerado y sufrido, lo que le hemos ayudado… algún día servirá para algo. Queremos creer que llegado el momento nos lo agradecerá y nos recompensará por todo. Pero esta creencia es, como la anterior, absolutamente ridícula. Si no ha cambiado a tiempo por amor, no cambiará después por obligación.

3) Pensar que nunca jamás encontraré a nadie como él.

Eso piensa todo chico o chica cuando tiene 14, 15 o 16 años y se enamoran por primera vez. Idealizan a la persona que quieren, tienen ojos solamente para las cualidades del enamorado. Defectos que cualquier mente lúcida podría descubrir, ellos los dejan de lado y no les dan ninguna importancia. Durante el enamoramiento se produce algo así como “el secuestro de la razón” de los enamorados. Sienten, miran, piensan con el corazón, porque el amor les ha hecho perder la cabeza.

A medida que pasa el tiempo y la costumbre invade esa relación, los sentimientos se van enfriando; El y ella van descubriendo la parte oscura del otro. Empiezan a hacer comparaciones. Se dan cuenta que las intenciones no se corresponden con las palabras; que las promesas de respeto de ayer no coinciden con las exigencias de confianza de hoy.

Antes ella pensaba con ilusión: “nunca encontraré a nadie como él”. Y ahora empieza a sentir: “Ojalá nunca encuentre a nadie como él”, “espero tener mejor suerte y mejor gusto en una nueva relación”. Es el momento en que hay que afrontar una relación con realismo y tomar una decisión. Cuando estar enamorado significa depender del otro, ser adicto al otro, cuando querer a alguien me hace sufrir… es momento de cortar. Cortar supone sufrir, pero es la condición para que más tarde no tengas que sufrir por duplicado.

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