Dejar a los niños equivocarse y darles responsabilidades les ayuda a enfrentarse a la vida

Dejar a los niños equivocarse y darles responsabilidades les ayuda a enfrentarse a la vida

Dejar a los niños equivocarse y darles responsabilidades les ayuda a enfrentarse a la vidaDejar a los niños equivocarse, no sobreprotegerles, darles responsabilidades de acuerdo a su edad y castigarles de vez en cuando, si lo merecen, les ayuda a enfrentarse a la vida.

Desde hace unos años hay una tendencia de los padres a sobreproteger a los hijos, impidiendo su autonomía. Se trata de padres obsesionados por dar a sus hijos lo que ellos nunca pudieron tener. Padres que piensan que la mejor forma de cuidar a sus hijos es evitarles riesgos y dificultades. No se dan cuenta de que al actuar así limitan las posibilidades de desarrollo de sus hijos.

Los padres se preocupan por el futuro de sus hijos desde edades muy tempranas, fomentando la competitividad. Pero al final, resulta que, con el deseo de darles lo mejor, acaban protegiéndoles de la vida en vez de prepararles para enfrentarse a ella.

Los niños sobreprotegidos no aprenden a ser responsables de su propio bienestar ni de sus actos, porque siempre consiguen de forma inmediata lo que piden. No reconocen sus errores. Son niños más inmaduros y menos sociables. A menudo, se sienten insatisfechos y reaccionan de forma irritable o agresiva si los compañeros o los adultos no atienden a sus caprichos o sus demandas.

En cuanto a nivel de aprendizaje, los hijos sobreprotegidos muestran menos iniciativa propia y escaso desarrollo de la creatividad. Con frecuencia están desmotivados en sus estudios.

Algunos padres se ven tentados a hacer los trabajos de sus hijos para que saquen buenas notas. Sin darse cuenta, transmiten a sus hijos este mensaje: “lo único importante es el resultado, no el esfuerzo”. Esta actitud priva al niño de aprendizajes muy valiosos para un buen rendimiento académico, como la organización, la memoria, la atención, la responsabilidad de hacer los deberes y las consecuencias de no hacerlos.

Los buenos padres se hacen entrenadores de sus hijos. No les hacen los deberes. Les enseñan aspectos como la constancia, el orden, el gusto por las cosas bien hechas.

Es recomendable asignarles responsabilidades lo antes posible, en función de su capacidad. En general, desde los 2 o 3 años pueden aprender a comer y vestirse solos. Antes de los 6 deben ser autónomos en la higiene, vestirse, comer de todo, disfrutar jugando solos y con otros niños, acostarse a la hora acordada y mantener ordenados sus juguetes.

Ante la tentación que tienen muchos padres de desvivirse por sus hijos, de estar siempre pendientes de ellos, resulta positivo que los hijos se separen de sus padres de vez en cuando. Esto resulta beneficioso para ambos: Los padres necesitamos tiempo para nosotros, para cuidar la pareja. Hacer menos por los hijos; no hacer nunca lo que ellos pueden hacer por sí mismos; no tener miedo a que se aburran alguna vez, todo esto es positivo para el desarrollo de nuestros hijos. Actuando así les hacemos más creativos, más responsables, más independientes.

En conclusión: nuestra tendencia de padres a sobreproteger a nuestros hijos impide el desarrollo de su autonomía.

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