¿Hijos perfectos o hijos felices? Cuando educar se convierte en una competición

¿Hijos perfectos o hijos felices? Cuando educar se convierte en una competición

Hubo un tiempo, no demasiado lejano, en el que a los niños no se les hacía demasiado caso. En vez de prestarles tanta atención, como se hace ahora, se optaba por dejar que se distrajesen solos, e incluso escuchar el famoso “papá, me aburro” era lo más habitual en nuestras casas. En pocos años, los hijos han pasado a convertirse en el centro de la familia y, a menudo, alrededor suyo orbitan los progenitores, dispuestos a ejercer, con la mejor de las intenciones, de superpadres.

¿Prestamos excesiva atención a los niños?

La hiperpaternidad, es decir, la sobreprotección de los padres sobre sus hijos, se ha establecido como modelo educativo habitual en las sociedades más acomodadas y abuelos y abuelas, que suelen tener la razón, nos advierten: “prestamos excesiva atención a los niños”.

Muchas voces señalan, desde hace tiempo, que el exceso de protección no es en absoluto beneficioso para los niños que crecerán sin saber asumir responsabilidades. Con tanta sobreprotección, estamos creando la generación de niños y niñas más frágiles de la historia y con más miedos que nunca.
En este nuevo arquetipo en el que nos encontramos inmersos, los padres son sufridores guardianes, que aspiran a ser los progenitores perfectos y criar hijos brillantes. Viven por y para sus hijos, e intervienen en todos los aspectos de su vida. Un modelo de crianza estresante, para padres e hijos, que irónicamente crea niños y niñas inseguros y con escasa capacidad para actuar por sí mismos.

Los hiperpadres suelen tener un plan trazado para sus niños desde la cuna. Sobrevuelan sin tregua sus vidas (de ahí que ya se les conozca como “padres helicóptero”), anticipándose a sus deseos y resolviéndoles todos sus problemas.
Aunque ejercida con el mejor propósito, la hiperpaternidad está desatendiendo aspectos tan importantes en el desarrollo de los niños como la autonomía, el esfuerzo y el tiempo libre. La infancia se está convirtiendo en una especie de campo de entrenamiento, con un constante ir y venir y agendas sin huecos para una de las actividades fundamentales en esa etapa de la vida: el juego.

Padres mayordomos

¿Cómo reconocer si formamos parte de ese grupo de padres? Los hiperpadres hablan en plural cuando se refieren a las cosas de sus hijos («hoy tenemos examen»), discuten constantemente las posiciones de maestros y entrenadores, planean numerosas actividades extraescolares y no permiten que sus hijos participen en las tareas de la casa ni asuman obligaciones básicas como hacerse la cama o poner la mesa. Los padres acaban siendo mayordomos, pendientes de todas sus necesidades. Otra cosa es la obsesión por la perfección, por la necesidad de que sean los mejores en todo.

¿Por qué los sobreprotegemos hasta esos extremos? Pues por algo tan humano como el miedo. Miedo a equivocarnos; a decirles «no», al fracaso…

Afortunadamente, el panorama tiene solución. La receta consiste en hacerles menos caso; una paternidad más relajada con espacio para que los niños jueguen y se aburran, para que se equivoquen y adquieran responsabilidades y autonomía. Disfrutar de ser padres, para que también ellos disfruten de ser hijos, es el primer paso para salir de la espiral de la hiperpaternidad.

¿Es la actual una generación de padres sobreprotectores? ¿Cómo preparar a nuestros hijos y a las familias a enfrentarse a una sociedad cambiante y llena de nuevos retos? ¿Estamos preparados? ¿Sabemos qué consecuencias tiene la hiperpaternidad en la vida de nuestros hijos?”¿Hijos perfectos o hijos felices? ¿Cuáles son las claves para educar niños autónomos, tolerantes a la frustración, capaces de distraerse solos y lo más importante: niños felices.

Sospechar que no es tan perfecto lo que hacemos, hacerse alguna de estas preguntas puede ser la oportunidad de apostar por una forma diferente de ser, estar y educar a nuestros hijos.

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